- Nombre completo
- Juan Belmonte García
- Nacimiento
- 14 de abril de 1892, Sevilla
- Muerte
- 8 de abril de 1962, Utrera (Sevilla)
- Alternativa
- 16 de octubre de 1913, Madrid
- Estilo
- Revolucionario: quietud, temple, toreo estático
- Rivalidad
- Joselito El Gallo
El hombre imposible
Juan Belmonte no debería haber sido torero. Bajo, desgarbado, con las piernas arqueadas y una constitución física inadecuada para enfrentarse a un toro, Belmonte era la antítesis del torero clásico. Pero precisamente esas limitaciones lo obligaron a inventar un toreo nuevo que cambiaría la tauromaquia para siempre.
Nacido en Sevilla en 1892 en una familia humilde del barrio de Triana, el joven Juan comenzó a torear becerros de madrugada en los prados del Guadalquivir, arriesgando multas y cornadas. Su audacia llamó la atención de los aficionados sevillanos, que no podían creer lo que veían: un chaval enfermizo que se acercaba al toro más que nadie.
La revolución
Antes de Belmonte, el toreo era un arte de alejarse: el matador se movía para esquivar al toro, ejecutando lances de perfil o de costado, manteniendo siempre una distancia de seguridad. Belmonte cambió todo eso: se quedaba quieto y dejaba que el toro pasara junto a su cuerpo.
Esta revolución — torear «parado»— transformó la esencia misma de la tauromaquia. Las suertes que antes eran funcionales se convirtieron en artísticas. El toreo dejó de ser solo una demostración de valor para convertirse en una forma de arte.
- La verónica belmonteña: Con los pies clavados, los brazos bajos y el capote arrastrando, creó el lance más bello del toreo.
- El natural: El pase de muleta con la mano izquierda, sin ayuda de la espada, que Belmonte elevó a la categoría de cúspide artística.
- El temple: La lentitud controlada con la que el toro pasa junto al cuerpo, una invención belmonteña que sigue definiendo el buen toreo.
Joselito y Belmonte
La rivalidad entre Belmonte y Joselito El Gallo fue la más grande de la historia del toreo. Joselito era la perfección clásica; Belmonte, la revolución. Joselito dominaba; Belmonte emocionaba. Juntos crearon la Edad de Oro de la tauromaquia entre 1914 y 1920.
La muerte prematura de Joselito en 1920 dejó a Belmonte solo en la cumbre, pero el sevillano siempre reconoció que su grandeza se debía en parte a la existencia de su rival.
Belmonte y la literatura
Belmonte fue amigo íntimo de escritores, poetas y artistas. Ernest Hemingway lo inmortalizó en Muerte en la tarde y Fiesta. Federico García Lorca le dedicó versos. Ramón Pérez de Ayala escribió su biografía novelada, Juan Belmonte, matador de toros, considerada una de las mejores obras de literatura taurina.
Belmonte era un hombre culto e inteligente — algo inusual en el mundo taurino de su época— y su conversación y su personalidad fascinaban a los intelectuales tanto como su toreo fascinaba al público.
Legado
Todo el toreo moderno procede de Belmonte. El toreo «parado, templado y mandando» que se enseña hoy en las escuelas taurinas es el toreo que inventó Belmonte. Cada torero que se queda quieto ante un toro, cada natural que se ejecuta con temple, cada verónica que se cierra en la cadera, procede directamente de aquel sevillano bajo y patizambo.
De Manolete a José Tomás, de Morante a Roca Rey, todos los toreros del siglo XX y XXI son, en última instancia, hijos de Belmonte.
«Cuando yo comencé a torear, el toreo era una cosa; cuando me retiré, era otra completamente distinta.»
¿Sabías que...?
La biografía de Belmonte, Juan Belmonte, matador de toros, escrita por Manuel Chaves Nogales, está considerada una de las mejores obras de la literatura española del siglo XX, tanto por su calidad literaria como por el retrato humano del torero. Es lectura obligada para quien quiera entender la tauromaquia.