La Edad de Oro del toreo
El periodo comprendido entre 1914 y 1920 es conocido como la Edad de Oro de la tauromaquia. Fue la época en la que coincidieron en activo los dos toreros más grandes de la historia: Joselito El Gallo y Juan Belmonte. Su rivalidad elevó el toreo a cotas nunca antes alcanzadas y transformó para siempre la forma de entender la tauromaquia.
Joselito: la perfección
Joselito El Gallo era el torero más completo que se había visto jamás. Dominaba todas las suertes con una facilidad asombrosa, toreaba más de cien corridas por temporada y nunca fallaba. Su toreo era alegre, dominador, festivo — la expresión máxima de la escuela clásica.
Belmonte: la revolución
Juan Belmonte era todo lo contrario: un hombre físicamente limitado que compensaba sus carencias con un toreo radicalmente nuevo. Belmonte se quedaba quieto ante el toro, dejando que los pitones pasaran a centímetros de su cuerpo. Inventó el toreo moderno: parado, templado, profundo.
La rivalidad que cambió el toreo
España se dividió entre «joselitistas» y «belmontistas» con una pasión que ninguna otra rivalidad — ni Lagartijo-Frascuelo, ni Manolete-Arruza— ha igualado. La dualidad era irresistible:
- Joselito = perfección, dominio, alegría, tradición.
- Belmonte = emoción, riesgo, profundidad, revolución.
Ambos se superaban mutuamente tarde tras tarde, elevando el nivel del toreo hasta alturas que nadie creía posibles. Las mejores plazas de España — Madrid, Sevilla, Valencia— se llenaban hasta la bandera cada vez que ambos coincidían en cartel.
El fin trágico
La Edad de Oro terminó abruptamente el 16 de mayo de 1920, cuando Joselito fue corneado mortalmente en la plaza de Talavera de la Reina. Tenía 25 años. Su muerte conmocionó a España y dejó a Belmonte solo en la cumbre, privado del rival que daba sentido a su existencia artística.
La muerte de Joselito marcó el final de una época irrepetible y abrió paso a una nueva era en la que Manolete asumiría el protagonismo absoluto.
El legado de la Edad de Oro
La Edad de Oro estableció el modelo de la rivalidad taurina como motor del espectáculo. Desde entonces, las grandes épocas del toreo han estado marcadas por la existencia de dos figuras antagónicas que se complementan y se superan mutuamente. Escritores, pintores y cineastas han vuelto una y otra vez a esta época como fuente de inspiración.
¿Sabías que...?
Ernest Hemingway, que llegó a España pocos años después de la muerte de Joselito, se enamoró del toreo que había nacido de la revolución belmonteña. Sin la Edad de Oro, probablemente Hemingway no habría escrito Fiesta ni Muerte en la tarde, las obras que difundieron la tauromaquia en el mundo anglosajón.