- Nacimiento
- Oak Park (Illinois, EE.UU.), 1899
- Primer viaje a España
- 1923 (Pamplona)
- Viajes a España
- ≈30 entre 1923 y 1959
- Veces en Sanfermines
- 9
- Obras taurinas
- Fiesta (1926), Muerte en la tarde (1932), El verano peligroso (póstuma)
- Premio Nobel
- 1954
- Amigos toreros
- Sidney Franklin, Antonio Ordóñez
- Bar habitual
- Café Iruña (Plaza del Castillo, Pamplona)
- Estatua de Pamplona
- Luis Sanguino, 1968
- Biblioteca taurina
- >60 libros (Finca Vigía, Cuba)
El americano y la fiesta
Ernest Hemingway fue el escritor extranjero que más contribuyó a difundir la tauromaquia en el mundo anglosajón. Su relación con los toros fue profunda, apasionada y prolongada: desde su primera visita a España en 1923 hasta su muerte en 1961, Hemingway fue un aficionado devoto que asistió a cientos de corridas y convirtió el toreo en uno de los temas centrales de su obra literaria.
Fiesta (The Sun Also Rises)
La primera novela importante de Hemingway, Fiesta (1926), transcurre en gran parte durante los Sanfermines de Pamplona. El libro — que narra las andanzas de un grupo de expatriados americanos en París y España— incluye descripciones vívidas de encierros y corridas que hicieron descubrir los toros a millones de lectores en todo el mundo.
Fiesta transformó los Sanfermines: antes de Hemingway, Pamplona era una fiesta local; después de Hemingway, se convirtió en un fenómeno turístico internacional.
Muerte en la tarde
En 1932, Hemingway publicó Muerte en la tarde, un ensayo extenso sobre la tauromaquia que es a la vez guía para el aficionado novato, reflexión filosófica sobre la muerte y homenaje a los grandes toreros de la época. En este libro, Hemingway analizó el toreo de Juan Belmonte, describió las características de los toros de Miura y reflexionó sobre el significado de la tauromaquia.
El verano peligroso
En 1959, Hemingway regresó a España para seguir la rivalidad entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, los dos matadores más importantes del momento. De esta experiencia nació El verano peligroso, publicado póstumamente, que narra la competición entre ambos toreros en un verano en el que Hemingway recorrió las ferias de toda España.
Hemingway y los toreros
Hemingway cultivó amistades profundas con toreros. Antonio Ordóñez fue su gran amigo; Dominguín, un conocido estimulante. El escritor frecuentaba los hoteles de los matadores, asistía a los tentaderos y vivía la vida taurina desde dentro, como muy pocos extranjeros han logrado.
Su relación con Belmonte fue más distante pero igualmente significativa: Hemingway consideraba a Belmonte el torero más grande de la historia y le dedicó páginas memorables en Muerte en la tarde.
Impacto cultural
La influencia de Hemingway en la percepción internacional de la tauromaquia es incalculable. Antes de Hemingway, los toros eran un espectáculo exótico y desconocido para el mundo anglosajón. Después de sus libros, la tauromaquia se convirtió en tema de conversación en Nueva York, Londres y París, y miles de turistas viajaron a España para vivir la experiencia que Hemingway había descrito.
Su legado literario conecta con el de otros escritores que también abordaron la tauromaquia: Federico García Lorca desde la poesía, Blasco Ibáñez desde la novela social.
¿Sabías que...?
El hotel Quintana de Pamplona, donde Hemingway se alojaba durante los Sanfermines, tiene una habitación dedicada al escritor. Una estatua de Hemingway preside la entrada de la plaza de toros de Pamplona, y cada año los americanos que visitan los Sanfermines rinden homenaje al escritor que puso a Pamplona en el mapa literario mundial.
Cuándo, dónde y con quién: la España de Hemingway
Hemingway pisó España por primera vez en 1923. Tenía 24 años, llegaba con su primera esposa Hadley y vivía en París como reportero del Toronto Star. Aquel verano descubrió Pamplona por consejo de Gertrude Stein: dos semanas en la pensión Quintana, comiendo en el Café Iruña, asistiendo a sus primeros encierros y a los toros vespertinos. La experiencia le marcó para toda la vida. Volvería a Pamplona nueve veces entre 1923 y 1959, y a España una veintena más en otras ferias.
Sus amistades taurinas son una nómina ilustre: Sidney Franklin (matador americano de origen judío al que Hemingway acompañó en sus tardes españolas), Antonio Ordóñez (con quien viajó por toda España en 1959), Luis Miguel Dominguín (al que también siguió pero con menos afinidad), y los pintores Joan Miró y Pablo Picasso. La Bodega Casa Marceliano de Pamplona —hoy desaparecida— era su comedor habitual, y la mesa donde Hemingway se sentaba estuvo marcada con una placa hasta el cierre del local.
El verano peligroso: una rivalidad legendaria
El verano de 1959 fue, para Hemingway, el último capítulo de su pasión taurina. Life Magazine le encargó un reportaje sobre la rivalidad entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Hemingway recorrió las ferias de Madrid, Pamplona, Bilbao, Málaga, Sevilla y otras plazas durante cuatro meses, viajando a menudo en convoy con la cuadrilla de Ordóñez. El texto encargado se convirtió en una obra de 65.000 palabras que Hemingway no llegó a editar antes de su muerte.
El verano peligroso se publicó póstumamente en 1985 en la editorial Scribner. Es un texto fascinante: combina reportaje, autobiografía y reflexión sobre la edad y la decadencia (la del autor, no la de los toreros). Su descripción de la cogida de Ordóñez en Aranjuez el 30 de mayo de 1959 es uno de los pasajes más recordados, y la forma en que el matador se reincorporó días después marcó al propio Hemingway.
Anécdotas y curiosidades
Hemingway estuvo a punto de morir en España en 1953, durante un safari en África, en dos accidentes aéreos consecutivos. Cuando recibió la cobertura mediática como muerto, leyó sus propias necrológicas en hoteles de Madrid y comentó: «Algunas eran espléndidas, otras decepcionantes». La experiencia, que aceleró su deterioro físico, no le impidió volver a las plazas con asiduidad.
La estatua de Hemingway frente a la Plaza de Toros de Pamplona, obra del escultor Luis Sanguino, fue inaugurada en 1968, siete años después del suicidio del escritor. Cada 6 de julio, antes del Chupinazo, los aficionados de los Sanfermines depositan flores y panuelos rojos en la estatua. La placa reza: «A Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, amigo de este pueblo y descubridor literario de los Sanfermines, este pueblo le agradece».
La biblioteca personal de Hemingway en su casa de Cuba (La Finca Vigía, hoy museo) contiene más de 60 libros sobre tauromaquia, varios anotados de su puño y letra. Entre ellos, Los Toros de Cossío con observaciones críticas, ediciones de poesía taurina y biografías de Belmonte, Joselito y Manolete. Son objeto de estudio para los hemingwayanos académicos.
Fuentes
- Ernest Hemingway | Wikipedia
- Sanfermines | Wikipedia
- Tauromaquia y literatura — Biblioteca Cervantes
- San Fermín 2026 carteles | Mundotoro
Lecturas relacionadas
- Sanfermines: la fiesta que Hemingway internacionalizó
- Toros y literatura: Hemingway, Lorca, Belmonte
- Antonio Ordóñez y «El verano peligroso»
- Juan Belmonte, el rival eterno de Joselito
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Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces estuvo Hemingway en España?
Aproximadamente 30 viajes, entre 1923 y 1959. A los Sanfermines fue 9 veces. Sus estancias más largas duraron hasta cuatro meses (verano de 1959), durante el cual escribió «El verano peligroso».
¿Era Hemingway aficionado de verdad o se hacía el experto?
Era un aficionado real, conocido y respetado por los profesionales españoles. Asistió a centenares de corridas, tenía amistad personal con matadores como Antonio Ordóñez y leía la prensa taurina española. Su «Muerte en la tarde» (1932) sigue siendo el ensayo en inglés más completo sobre tauromaquia.
¿Por qué Pamplona se hizo famosa con Hemingway?
Antes de la publicación de «Fiesta» (1926), los Sanfermines eran una fiesta local navarra. Hemingway introdujo Pamplona en el imaginario internacional: cientos de miles de turistas, especialmente americanos, peregrinan cada año a la ciudad gracias a su novela.
¿Tiene Pamplona un homenaje a Hemingway?
Sí: la estatua de bronce frente a la Plaza de Toros (Luis Sanguino, 1968) y una placa en el Café Iruña, su mesa habitual. Cada 6 de julio, antes del Chupinazo, los aficionados depositan pañuelos rojos en la estatua como tributo simbólico.