Transición y Arte (1970–2000)

De la dictadura a la democracia. Paco Ojeda, Espartaco, Joselito. La búsqueda del arte y la pureza.

La España democrática y los toros

La muerte de Franco en 1975 y la transición a la democracia abrieron un periodo de profunda transformación en la sociedad española que afectó también a la tauromaquia. Los toros, asociados por algunos sectores con el franquismo y la España «negra», se convirtieron en objeto de un debate cultural que no ha cesado desde entonces.

Los años 80: renovación artística

Los años 80 trajeron una renovación artística al toreo. Paco Ojeda reinventó el pase natural con una estética nueva, influenciada por la modernidad que España vivía en todos los ámbitos culturales. La «Movida madrileña» — el estallido contracultural de la capital— coexistió con un toreo que buscaba nuevas formas de expresión.

En Sevilla, una nueva generación de toreros — Curro Romero eternizado, Espartaco dominante, Ojeda revolucionario— mantuvo la supremacía artística de la escuela sevillana fundada siglos atrás por Pepe-Hillo.

Los años 90: la eclosión de Ponce

La década de los 90 estuvo dominada por Enrique Ponce, un valenciano de una regularidad asombrosa que se convirtió en el matador número uno del escalafón. A su lado, figuras como Jesulín de Ubrique — polémico pero muy popular— y el colombiano César Rincón — el primer americano en abrir la Puerta Grande de Las Ventas— completaron un panorama rico y diverso.

El toreo como arte

La España democrática redefinió la tauromaquia desde una perspectiva artística. Si durante el franquismo los toros eran «la fiesta nacional» — con connotaciones políticas—, la democracia permitió apreciarlos como un arte autónomo, vinculado a la pintura, la literatura y la música.

Intelectuales y artistas como Antonio Gala, Fernando Savater y Andrés Calamaro defendieron públicamente la tauromaquia como expresión cultural, alejándola de las connotaciones ideológicas del pasado.

Las ganaderías en la democracia

Las ganaderías también evolucionaron. Victorino Martín se convirtió en un fenómeno popular en los tendidos del 7 de Las Ventas. Miura mantuvo su leyenda intacta. Y el encaste Domecq consolidó su hegemonía con ramificaciones como Jandilla y Núñez del Cuvillo.

Hacia el siglo XXI

La transición y las décadas que la siguieron prepararon el terreno para la tauromaquia del siglo XXI: un toreo más artístico, más debatido y más globalizado que nunca, con figuras como José Tomás y Roca Rey que demuestran que el arte del toreo sigue evolucionando.

¿Sabías que...?

En 2013, la tauromaquia fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de España por ley. Esta declaración supuso un reconocimiento legal de la tauromaquia como expresión cultural protegida, independientemente del debate social sobre su práctica.

De fiesta nacional a fenómeno cultural

La Transición española (1975-1982) supuso un replanteamiento profundo del lugar de la tauromaquia en el imaginario nacional. Durante el franquismo, los toros habían sido apropiados por el régimen como símbolo de españolidad oficial; la nueva democracia los desideologizó, permitiendo que aficionados de todo el espectro político los reivindicaran sin connotaciones partidarias. Felipe González, presidente socialista, era aficionado declarado y asistió regularmente a las corridas de Las Ventas durante los años 80.

La generación cultural de la Transición —Antonio Gala, Fernando Savater, Francisco Umbral, Joaquín Vidal, Luis Antonio de Villena— consolidó el discurso del «toreo como arte». La crítica taurina dejó de ser meramente descriptiva y adquirió rango ensayístico. Joaquín Vidal en El País (1976-2002) es la referencia: sus crónicas combinaban precisión técnica, hallazgos literarios y una mirada irónica sobre el sector.

Paco Ojeda: la modernidad técnica

Paco Ojeda (Sanlúcar de Barrameda, 1955) es la figura técnica clave de los 80. Reinventó el natural —el pase con la mano izquierda— ligando series interminables con un temple inédito. Su gran tarde en La Maestranza (1984) marcó un antes y un después: tandas de ocho, diez, doce muletazos sin enmendar, ejecutados a una proximidad del toro que parecía imposible. Su forma de torear influyó en toda la generación posterior, especialmente en César Rincón y, más tarde, en José Tomás.

Junto a Ojeda, los años 80 vieron las cumbres de Antoñete (Antonio Chenel, gran clásico madrileño), las primeras tardes históricas de Curro Vázquez, la consolidación de Espartaco (Juan Antonio Ruiz, dominador del escalafón) y la confirmación de Luis Francisco Esplá, banderillero excepcional. Curro Romero, ya en madurez, continuó dejando tardes memorables en Sevilla.

Los 90: Ponce, Jesulín y el primer Rincón

La década de los 90 estuvo dominada por Enrique Ponce (Chiva, 1971), un matador de regularidad asombrosa que convirtió la temporada larga —más de 80 corridas anuales— en su seña personal. Su clasicismo, sin gestos vanguardistas, le permitió mantenerse en la cima durante más de 25 años. Jesulín de Ubrique, también en los 90, consiguió niveles de popularidad que excedían el ámbito taurino: televisión generalista, prensa rosa, programas para público no aficionado.

El gran acontecimiento internacional fue la temporada de César Rincón en 1991: cuatro Puertas Grandes en Las Ventas, récord absoluto. El colombiano se convirtió en la primera figura americana del escalafón español y abrió la puerta a un nuevo internacionalismo del toreo, prólogo del fenómeno Roca Rey dos décadas después.

Anécdotas y curiosidades

La polémica del rejoneo y la izquierda política es uno de los hilos curiosos de la Transición. Pese a que algunos sectores de la izquierda promovieron prohibiciones municipales (especialmente en Galicia y Cataluña), figuras como Manuel Vicent, escritor de El País, defendieron públicamente la fiesta. La división interna en el progresismo español sobre los toros se mantiene hasta hoy.

La Movida madrileña tuvo su propia conexión taurina. El cineasta Pedro Almodóvar incluyó referencias en varias películas (especialmente Hable con ella, 2002, ya posterior pero deudora del clima cultural movidista). El fotógrafo Alberto García-Alix retrató el ambiente de los 80, donde la madrileña podía bailar en Pachá y, al día siguiente, asistir a una corrida de toros.

La televisión pública emitió corridas en abierto durante toda la Transición y los 90. La 1 y La 2 retransmitían San Isidro y otras ferias relevantes. La progresiva exclusión de las corridas de TVE a partir de 2010 es uno de los cambios estructurales que marcan el fin de aquella etapa.

Fuentes

Lecturas relacionadas

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Preguntas frecuentes

¿Cómo cambió la tauromaquia tras Franco?

Pasó de ser «la fiesta nacional» con connotaciones políticas a fenómeno cultural autónomo, valorado como arte por intelectuales como Antonio Gala, Fernando Savater o Francisco Umbral. La crítica adquirió rango ensayístico (Joaquín Vidal en El País) y la afición se desideologizó.

¿Quién fue Paco Ojeda?

Matador de Sanlúcar de Barrameda (1955), figura técnica clave de los años 80. Revolucionó el pase natural ligando series interminables con un temple sin precedentes. Su tarde en La Maestranza (1984) es considerada un punto de inflexión técnico del toreo moderno.

¿Por qué Enrique Ponce dominó los 90?

Por una regularidad excepcional. Mantuvo más de 80 corridas anuales durante más de 25 temporadas, sin grandes lesiones ni momentos de declive. Su clasicismo, sin gestos vanguardistas, le permitió ser figura del escalafón sin recurrir a polémicas mediáticas.

¿Qué hizo Rincón en 1991?

Abrió cuatro Puertas Grandes en Las Ventas en una sola temporada de San Isidro. Es un récord absoluto que sigue sin igualar. Convirtió a Colombia en potencia taurina y abrió la puerta del primer escalafón a los matadores americanos, prólogo del fenómeno Roca Rey.