El precio del toreo
La tauromaquia es el único arte en el que el artista arriesga literalmente su vida cada vez que actúa. Las cornadas — o «cogidas» en el vocabulario taurino— han sido compañeras inseparables del toreo desde sus orígenes, y algunas han marcado para siempre la historia de la fiesta.
A lo largo de los siglos, cientos de matadores han perdido la vida en el ruedo o a consecuencia de las heridas sufridas. Cada una de estas tragedias ha alimentado el debate sobre la naturaleza del toreo: ¿es arte, es barbarie, es ambas cosas a la vez? Lo que es indiscutible es que la dimensión trágica — la posibilidad real de la muerte— forma parte esencial de la emoción que genera la tauromaquia.
Las cogidas del siglo XVIII
La primera gran tragedia documentada del toreo fue la muerte de Pepe-Hillo en Madrid el 11 de mayo de 1801. Un toro de la ganadería de Peñaranda enganchó al matador sevillano, que tenía 47 años. Francisco de Goya inmortalizó la escena en uno de los grabados más estremecedores de su serie La Tauromaquia.
El siglo XIX: la era de la sangre
El siglo XIX fue especialmente cruento. Las condiciones sanitarias eran precarias, y muchas cornadas que hoy serían simples heridas resultaban mortales por infección. Frascuelo sufrió más de 60 cornadas graves a lo largo de su carrera, un récord que habla tanto de su valor como de la peligrosidad del oficio.
Toreros como Pepete, El Espartero y Dominguín (padre) perdieron la vida en el ruedo durante este siglo, convirtiendo cada corrida en un evento donde la muerte era una posibilidad tangible.
La muerte de Joselito (1920)
La muerte de Joselito El Gallo en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920 fue la tragedia que cerró la Edad de Oro del toreo. El matador más dominante de su generación, con solo 25 años, cayó ante un toro de la ganadería de Viuda de Ortega. España entera se sumió en el duelo.
La muerte de Manolete (1947)
La muerte de Manolete en Linares el 28 de agosto de 1947, ante un toro de Miura llamado Islero, es la tragedia más célebre de la tauromaquia. El tercer Califa de Córdoba murió a los 30 años en la cumbre de su carrera, convirtiéndose en un mito comparable a los grandes trágicos del arte.
La muerte de Yiyo (1985)
En 1985, José Cubero «Yiyo» murió en la plaza de Colmenar Viejo (Madrid), corneado por un toro de Miura. La tragedia fue retransmitida por televisión, lo que generó un impacto mediático sin precedentes. La imagen de Yiyo cayendo al albero se grabó en la retina de toda una generación de españoles.
El siglo XXI
En la era moderna, los avances de la medicina han reducido dramáticamente la mortalidad. Las enfermerías de las plazas de primera categoría — Las Ventas, La Maestranza— cuentan con equipos quirúrgicos completos. Sin embargo, las cornadas graves siguen siendo habituales, como demuestran los múltiples percances sufridos por José Tomás.
¿Sabías que...?
Se estima que más de 500 matadores de toros han muerto en el ruedo o a consecuencia de cornadas a lo largo de la historia documentada del toreo. Esta cifra, escalofriante, convierte a la tauromaquia en una de las actividades profesionales más peligrosas del mundo.