- Nombre completo
- Salvador Sánchez Povedano «Frascuelo»
- Nacimiento
- 23 de diciembre de 1842, Churriana de la Vega (Granada)
- Muerte
- 8 de marzo de 1898, Madrid
- Alternativa
- 1867
- Estilo
- Valor extremo, pundonor, entrega total
- Rivalidad
- Rafael Molina «Lagartijo»
El torero del pueblo
Salvador Sánchez «Frascuelo» fue el más valeroso de los matadores del siglo XIX. Nacido en Churriana (Granada) en 1842, Frascuelo encarnó la esencia del toreo como acto de valentía pura. Mientras que su eterno rival Lagartijo seducía con la elegancia, Frascuelo conquistaba con el arrojo.
Su apodo procedía de su padre, que regentaba un puesto de frutas («frascas»). El joven Salvador descubrió los toros de forma casi accidental, pero pronto demostró un valor que lo separaría de todos sus contemporáneos. Tomó la alternativa en 1867 y durante más de dos décadas fue una de las dos grandes figuras del toreo junto a Lagartijo.
La rivalidad con Lagartijo
La rivalidad entre Frascuelo y Lagartijo es la primera gran rivalidad de la historia de la tauromaquia y una de las más intensas. Lagartijo era cordobés, elegante, artístico — el favorito de la crítica. Frascuelo era granadino, bronco, valiente — el favorito del pueblo.
Madrid se dividía en «lagartijistas» y «frascuelistas» con una pasión que anticipaba futuras rivalidades como la de Joselito y Belmonte. Los tendidos de la plaza de Madrid eran un campo de batalla verbal entre ambas facciones.
La rivalidad enriqueció enormemente la fiesta: ambos toreros se superaban mutuamente tarde tras tarde, elevando el nivel del toreo en una época en la que la tauromaquia se estaba consolidando como el espectáculo nacional español.
Cornadas y valor
El cuerpo de Frascuelo fue un mapa de cicatrices. Sufrió más de 60 cornadas graves a lo largo de su carrera, un número que asombra incluso en una profesión donde las heridas son parte del oficio. Algunas de estas cogidas fueron tan graves que pusieron en peligro su vida.
Pero Frascuelo siempre volvía. Su valor no era la temeridad inconsciente del principiante, sino la determinación del profesional que asume el riesgo como parte indisociable de su arte. Los aficionados de la época narraban cómo Frascuelo entraba a matar mirando al toro a los ojos, sin desviar la trayectoria, aceptando el encuentro con una serenidad que desarma.
El toreo del siglo XIX
El toreo en la época de Frascuelo era muy diferente al actual. Los toros eran más grandes, más astifinos y más peligrosos. Las suertes se ejecutaban con menos recursos técnicos — el capote y la muleta eran más pequeños— y el matador dependía fundamentalmente de su valor y su instinto.
Frascuelo brillaba especialmente en la suerte suprema: la estocada. Era un estoqueador extraordinario que entraba a matar por derecho, cruzándose con el toro en un lance que decidía la suerte del hombre y del animal en una fracción de segundo.
La plaza de Madrid que él conoció — la antigua Plaza de la Puerta de Alcalá— fue sustituida más tarde por Las Ventas, pero el espíritu de valentía que Frascuelo encarnó sigue siendo el valor más preciado en los tendidos madrileños.
Legado
Frascuelo se retiró en 1890, tras una carrera de más de dos décadas marcada por el valor extremo. Su legado es doble: por un lado, demostró que el valor puro — sin la elegancia natural de un Lagartijo— podía conquistar al público. Por otro, su rivalidad con Lagartijo estableció el modelo de las grandes rivalidades taurinas que definirían el siglo XX.
¿Sabías que...?
Las más de 60 cornadas que sufrió Frascuelo hacen de él uno de los toreros más heridos de la historia. En una época sin antibióticos ni cirugía moderna, sobrevivir a tantas heridas graves era casi un milagro. Su resistencia física era tan legendaria como su valor.
El toreo de Frascuelo: valor por encima de todo
El estilo de Frascuelo se basaba en una sola palabra: valor. Mientras Lagartijo se distinguía por la elegancia y la naturalidad técnica, Frascuelo se acercaba al toro como nadie y exponía su cuerpo a una proximidad que era casi suicida. Sus estocadas a recibir eran particularmente espectaculares: el granadino aguardaba al toro inmóvil, sin enmendar, y entraba con la espada en el último instante, en muchas ocasiones cogido en el viaje. Las cornadas eran constantes —60 graves a lo largo de su carrera— pero las superaba todas.
Su pundonor era legendario. La frase «los toros que pagan se matan» se le atribuye y refleja su filosofía profesional: una vez aceptada la corrida, no había excusa para no estoquear, fuera el toro grande, manso o difícil. Esta actitud le ganó la fidelidad incondicional del público popular madrileño, especialmente del tendido del sol, donde los aficionados de menor poder adquisitivo lo elevaron a héroe.
La rivalidad con Lagartijo: 22 temporadas en oposición
Frascuelo y Lagartijo fueron eternos rivales entre 1868 y 1890. La oposición tomó tintes casi ideológicos: Lagartijo era el elegante, asociado con los tendidos altos, la prensa establecida y la afición burguesa; Frascuelo era el valiente, asociado con el pueblo, los tendidos del sol y la afición popular. Cada gran tarde compartida atraía a más de 14.000 espectadores —aforo máximo de la antigua plaza de Madrid— y la prensa dedicaba ediciones extraordinarias.
Anécdotas y curiosidades
Su retirada en 1890 coincidió con la de Lagartijo, lo que cerró simbólicamente una era. Frascuelo se retiró tras la corrida del 12 de mayo de 1890 en la antigua plaza madrileña, ante 12.000 espectadores. La prensa cubrió el evento con páginas enteras y el matador granadino fue acompañado a la salida por una multitud que vitoreaba su nombre. Vivió retirado hasta su muerte en 1898, en Madrid, a los 55 años.
Frascuelo era de extracción humilde. Su padre regentaba un puesto de frutas («frascas», de donde el apodo). El matador jamás olvidó sus orígenes: financiaba la familia, ayudaba a vecinos, mantenía relaciones con el barrio granadino donde había nacido. Esta sencillez personal lo distinguía de matadores más mundanos y reforzaba su imagen popular.
Las cogidas que sufrió a lo largo de su carrera son objeto de leyenda. La más grave, en Cabra (Córdoba) en 1882, le mantuvo entre la vida y la muerte durante días. La crónica de la época describió su recuperación como milagrosa. Volvió al ruedo solo dos meses después, lo que aumentó su fama de torero invencible. Acumuló más de 60 cornadas graves a lo largo de su carrera.
Fuentes
- Salvador Sánchez Povedano «Frascuelo» | Wikipedia
- El Toreo (Madrid, 1874) | BNE Hemeroteca
- Pan y toros | BNE Hemeroteca
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Preguntas frecuentes
¿Por qué Frascuelo era el favorito del pueblo?
Por su estilo: valor extremo, pundonor, entrega total. El toreo de Frascuelo conectaba con la afición popular —tendidos del sol, sectores menos acomodados de Madrid— que valoraba el arrojo por encima de la elegancia técnica. Su origen humilde y su sencillez personal reforzaban esa imagen.
¿De dónde viene el apodo «Frascuelo»?
De «frascas», las frutas que vendía su padre en un puesto de Granada. El apellido familiar era Sánchez Povedano, pero el apodo «Frascuelo» fue el que lo acompañó en toda su vida pública. Es uno de los apodos más populares del toreo del XIX.
¿Cuántas cornadas sufrió?
Más de 60 cornadas graves a lo largo de su carrera, según las crónicas de la época. La más grave, en Cabra (Córdoba) en 1882, le mantuvo entre la vida y la muerte durante días. Volvió al ruedo solo dos meses después, lo que aumentó su fama de torero invencible.
¿Cuándo y cómo murió Frascuelo?
Murió el 8 de marzo de 1898 en Madrid, a los 55 años, ocho años después de su retirada. La causa de la muerte fue una enfermedad pulmonar. El funeral en Madrid congregó a una gran multitud y la prensa habló del fin de una era. Está enterrado en el cementerio de la Almudena.