El Siglo de Oro

Fiestas reales, plazas mayores y la gran transformación: del caballero al torero a pie.

El toro en la España imperial

El Siglo de Oro español (siglos XVI-XVII) fue la época de máximo esplendor de la monarquía hispánica, y las fiestas de toros alcanzaron una monumentalidad acorde con el poder del imperio. Las corridas se celebraban en las plazas mayores de Madrid, Sevilla, Valladolid y otras ciudades, con la presencia del rey, la corte y todo el aparato del Estado.

Carlos V fue un gran aficionado y llegó a alancear toros él mismo — un gesto que horrorizó a los cortesanos extranjeros pero que entusiasmó al pueblo español. Felipe II, más comedido, reguló las fiestas pero no las prohibió. Felipe IV las convirtió en auténticos espectáculos de Estado, con decorados teatrales y música.

El toreo caballeresco

Durante el Siglo de Oro, el toreo seguía siendo fundamentalmente ecuestre. Los nobles, vestidos con sus mejores galas, alanceaban toros desde caballos ricamente enjaezados. Era un ejercicio de destreza, elegancia y valor — un antecedente directo del rejoneo contemporáneo.

Los peones — asistentes a pie— tenían un papel secundario: distraían al toro con capotes para facilitar la labor del caballero. Sin embargo, algunos de estos peones comenzaron a desarrollar técnicas propias, sembrando la semilla de lo que sería el toreo a pie.

Toros y literatura

Los grandes escritores del Siglo de Oro dejaron testimonio de las fiestas de toros. Cervantes describió corridas en varias de sus obras. Lope de Vega, Quevedo y Calderón de la Barca mencionaron los toros como parte natural del paisaje cultural español. Estas referencias literarias son una fuente documental invaluable para entender cómo eran las corridas en los siglos XVI y XVII.

Toros y pintura

Los pintores de la corte también retrataron las fiestas taurinas. Las plazas mayores repletas de público, los caballeros enfrentándose a los toros, las tribunas reales engalanadas: estas escenas han llegado hasta nosotros a través de lienzos y grabados que permiten reconstruir el espectáculo con notable precisión.

El declive del toreo a caballo

A finales del siglo XVII, la dinastía de los Borbones sustituyó a los Habsburgo en el trono español. Los Borbones, franceses de origen, no compartían la afición taurina de sus predecesores. Felipe V prohibió a la nobleza participar en las corridas, lo que provocó un cambio trascendental: los peones — hombres del pueblo— pasaron a ser los protagonistas.

Este cambio, que se consolidaría en el siglo XVIII, transformó la tauromaquia para siempre: de un entretenimiento aristocrático pasó a ser un espectáculo popular, protagonizado por Pedro Romero, Pepe-Hillo y otros matadores surgidos del pueblo.

¿Sabías que...?

La Plaza Mayor de Madrid fue el principal escenario taurino de España durante el Siglo de Oro. Las corridas se celebraban cerrando las bocacalles con carros, y los balcones se alquilaban a precios altísimos. La familia real contemplaba el espectáculo desde el Balcón Real, situado en la Casa de la Panadería.

Las plazas mayores como escenarios reales

En el Siglo de Oro, las corridas se celebraban en las plazas mayores de las ciudades —Madrid, Salamanca, Sevilla, Valladolid, Toledo—, transformadas para la ocasión en cosos improvisados. Se cerraban las bocacalles con tablones y carros, se construían tablados para la nobleza y se repartían los balcones particulares entre asistentes selectos. La Plaza Mayor de Madrid (terminada en 1619, durante el reinado de Felipe III) acogió las corridas más célebres del periodo.

Las fiestas reales conjugaban toros con teatro, música, fuegos de artificio y procesiones. La coronación de Felipe IV (1621), las bodas reales y los nacimientos de príncipes herederos generaban semanas de celebración con corridas continuas. Los gastos —documentados en los archivos del Consejo de Hacienda— ascendían a cantidades comparables a los de las catedrales en construcción. La fiesta servía como afirmación pública del poder real.

Los toros en Cervantes, Lope, Calderón y Quevedo

Los grandes escritores del Siglo de Oro dejaron testimonios literarios de las fiestas. Cervantes describe corridas en el Quijote (parte II, capítulo XXX), donde el caballero rechaza intervenir en la fiesta. Lope de Vega escribió poemas dedicados a toros y caballeros y participó él mismo como espectador. Calderón de la Barca presenta toros en El alcalde de Zalamea y otras obras. Quevedo, irónico, escribió varios sonetos taurinos.

El testimonio más famoso es probablemente el de Cervantes en el capítulo cervantino sobre los duques. Aunque crítico con ciertos excesos cortesanos, Cervantes describe con detalle la organización de una corrida y muestra familiaridad con las suertes ecuestres. La literatura del Siglo de Oro confirma que los toros eran ya entonces parte natural del paisaje cultural español, antes incluso de que se formalizase el toreo profesional moderno.

Anécdotas y curiosidades

Carlos V alanceó toros él mismo en varias ocasiones, especialmente para celebrar el nacimiento de su hijo Felipe II en Valladolid (1527). El gesto, audaz para un emperador, fue narrado por cronistas extranjeros con asombro. Los embajadores europeos consideraron la práctica un signo de barbarie ibérica; el pueblo español la aplaudió como prueba de virilidad imperial.

Felipe IV convirtió las corridas en parte del aparato propagandístico de la monarquía. Encargó a Velázquez retratos ecuestres y escenas cortesanas que incluían toros. Su vida privada incluía visitas regulares a las corridas de la Plaza Mayor. Cuando enviudó de Isabel de Borbón, las corridas se suspendieron en señal de luto durante un año entero, lo que da idea de la dimensión simbólica del espectáculo.

El papa Pío V excomulgó en 1567 a quienes participaran en corridas de toros (bula De Salutis Gregis Dominici). La medida pretendía proteger la vida humana en lo que el pontífice consideraba un espectáculo cruento. Felipe II ignoró la bula y obtuvo, años después, una matización papal que permitió continuar las corridas. Es uno de los primeros ejemplos de tensión entre fiesta de toros y autoridades morales internacionales.

Fuentes

Lecturas relacionadas

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Preguntas frecuentes

¿Cómo eran las corridas en el Siglo de Oro?

Se celebraban en plazas mayores transformadas en cosos improvisados. Predominaba el toreo ecuestre: la nobleza alanceaba toros desde caballos enjaezados. Las corridas formaban parte de fiestas reales —coronaciones, bodas, nacimientos— y servían como afirmación pública del poder.

¿Carlos V toreó realmente?

Sí, alanceó toros en varias ocasiones, especialmente en Valladolid (1527) para celebrar el nacimiento de Felipe II. El gesto causó asombro entre los embajadores europeos pero fue aplaudido por el pueblo. La participación de un emperador en la fiesta era inédita en otras cortes europeas.

¿La Iglesia prohibió las corridas en el XVI?

Sí. El papa Pío V excomulgó en 1567 a quienes participaran en corridas (bula «De Salutis Gregis Dominici»). Felipe II ignoró la prohibición y obtuvo después una matización pontificia que permitió continuar las fiestas. Es uno de los primeros conflictos documentados entre toreo y autoridades morales internacionales.

¿Qué autores del Siglo de Oro escribieron sobre toros?

Cervantes (en el «Quijote» y otras obras), Lope de Vega (poemas y obras dramáticas), Calderón de la Barca («El alcalde de Zalamea») y Quevedo (sonetos satíricos). El toro era parte natural del imaginario cultural español del XVI-XVII.