El Siglo XIX

Lagartijo, Frascuelo, Guerrita. La consolidación del toreo y las grandes rivalidades.

La consolidación del espectáculo

El siglo XIX fue el siglo en el que la tauromaquia se consolidó como el espectáculo nacional de España. Las corridas de toros pasaron de ser fiestas locales a convertirse en un fenómeno de masas, con plazas en todas las ciudades importantes, ganaderías especializadas y matadores que eran auténticas celebridades nacionales.

Las grandes rivalidades

El siglo XIX estuvo marcado por rivalidades que dividieron a la afición y elevaron el nivel del toreo:

La modernización de las plazas

A lo largo del siglo XIX se construyeron decenas de plazas de toros en toda España. Se pasó de las plazas de madera provisionales a construcciones permanentes de piedra y ladrillo que seguían el modelo circular establecido por Ronda y Sevilla.

En Madrid, la antigua plaza de la Puerta de Alcalá fue sustituida en 1874 por una nueva plaza que a su vez sería reemplazada por Las Ventas en 1931.

Las ganaderías bravas

El siglo XIX vio la consolidación de las grandes familias ganaderas. Miura fundó su ganadería en 1842, creando un encaste que se convertiría en leyenda. Otras casas históricas — Vistahermosa, Murube, Saltillo— establecieron las líneas genéticas que, décadas después, Juan Pedro Domecq sintetizaría en el encaste dominante del siglo XX.

Toros y sociedad

En el siglo XIX, la corrida de toros era mucho más que un espectáculo: era un fenómeno social. Las plazas eran lugares de encuentro donde se mezclaban todas las clases sociales. Los matadores eran celebridades cuyas hazañas se narraban en la prensa, se dramatizaban en el teatro y se inmortalizaban en la pintura y la literatura.

Viajeros extranjeros como Prosper Mérimée (autor de Carmen), Théophile Gautier y Washington Irving describieron las corridas en sus relatos de viaje, difundiendo la imagen de la tauromaquia por toda Europa y América.

¿Sabías que...?

La rivalidad entre Lagartijo y Frascuelo fue tan intensa que los periódicos madrileños publicaban ediciones especiales dedicadas exclusivamente a sus corridas. Era la primera vez que un fenómeno taurino generaba una cobertura mediática comparable a la de los acontecimientos políticos.

Reglas, plazas y el «star system» del XIX

El siglo XIX consolidó la estructura reglamentaria del toreo moderno. El primer reglamento taurino oficial se promulga en Madrid en 1852, con la regulación del paseíllo, los tres tercios, los avisos y la composición de las cuadrillas. Antes, las corridas seguían tradiciones locales y la estructura variaba de plaza en plaza. La unificación reglamentaria acompaña a la consolidación de las grandes plazas: La Maestranza de Sevilla (forma actual desde 1788, ampliaciones del XIX), la antigua plaza de Madrid (1874), la plaza de Bilbao (1882), Pamplona (1922) y otras decenas de cosos provinciales.

Las celebridades taurinas nacen en el XIX como fenómeno de masas. Lagartijo (Rafael Molina Sánchez, 1841-1900) y Frascuelo (Salvador Sánchez Povedano, 1842-1898) protagonizaron entre 1868 y 1890 una rivalidad que llenó páginas de prensa y dividió a Madrid en dos «escuelas»: los lagartijistas elegantes y los frascuelistas valientes. Más tarde, Guerrita (Rafael Guerra, 1862-1941) impuso una hegemonía sin precedentes hasta su retirada voluntaria en 1899, considerada un acto de orgullo profesional.

Las grandes ganaderías del XIX: nacen los encastes

Es el siglo en que se cierran las grandes casas ganaderas. Vázquez (Sevilla), Cabrera, Vistahermosa, Saltillo, Murube, Santa Coloma y, sobre todo, Miura (fundada en 1842 por Juan Miura Fernández) construyen los encastes que llegarán al siglo XXI. La selección genética se vuelve sistemática: los ganaderos llevan libros de tienta, registran genealogías y comercian sementales. La aparición del encaste Miura introduce una variante singular: toros grandes, ágiles y peligrosos, que exigen valor y técnica al matador.

El traje de luces moderno se fija también en el XIX: chaquetilla bordada, taleguilla ajustada, montera negra de astracán, capote de paseo. Las sastrerías taurinas se profesionalizan en Madrid y Sevilla. Los precios se disparan a fin de siglo: un traje de Lagartijo, en 1880, equivalía a varios años de salario de un peón rural.

Anécdotas y curiosidades

El «mano a mano» Lagartijo-Frascuelo en Madrid (1873) atrajo a tantos espectadores que la prensa habló de cifras nunca vistas. Las apuestas privadas movían sumas enormes. Frascuelo se consideraba más valiente; Lagartijo, más artista. La rivalidad se mantuvo durante 22 temporadas y, según testimonios, ambos toreros eran amigos personales fuera del ruedo.

Guerrita se retiró voluntariamente en 1899 a los 37 años, en plena cumbre artística. Su frase de despedida —«no me retiro porque haya nadie que pueda conmigo, sino porque ya no hay nadie con quien yo quiera competir»— se ha repetido como modelo de orgullo profesional. Vivió 42 años más en Córdoba sin volver al ruedo.

La cogida y muerte de Pepe-Hillo en Madrid el 11 de mayo de 1801 (técnicamente al final del XVIII, pero crucial para entender el XIX) inspiró a Goya el grabado más famoso de la Tauromaquia. El siglo XIX heredó esta iconografía y produjo, ya en su contexto, su propia generación de pintores taurinos: Eugenio Lucas Velázquez, Mariano Fortuny.

Fuentes

Lecturas relacionadas

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Preguntas frecuentes

¿Cuándo se redactó el primer reglamento taurino?

En 1852, en Madrid. Antes, las corridas seguían tradiciones locales y la estructura variaba mucho de plaza en plaza. El reglamento de 1852 fijó el paseíllo, la división en tres tercios, los avisos y la composición de las cuadrillas. Es el antecedente directo de los reglamentos actuales.

¿Quién fue el más grande matador del XIX?

Tres figuras se disputan el título: Lagartijo (Rafael Molina), Frascuelo (Salvador Sánchez) y Guerrita (Rafael Guerra). Lagartijo es considerado el primer Califa de Córdoba, Guerrita el segundo. La rivalidad Lagartijo-Frascuelo (1868-1890) marcó la afición de toda una generación.

¿Cuándo se fundó la ganadería de Miura?

En 1842, por Juan Miura Fernández, en Lora del Río (Sevilla). Es una de las ganaderías más antiguas en activo y la que más muertes y cogidas graves ha causado en la historia. Sigue siendo, casi dos siglos después, la ganadería más respetada y temida del escalafón.

¿Por qué se construyeron tantas plazas en el XIX?

Porque la consolidación de la afición y el crecimiento urbano exigieron infraestructuras permanentes. Se pasó de plazas de madera provisionales a construcciones de piedra y ladrillo. La ola constructiva culminó a finales del siglo XIX y principios del XX, con plazas como Las Ventas (proyectada en 1929).