- Nombre completo
- Rafael Guerra Bejarano «Guerrita»
- Nacimiento
- 6 de marzo de 1862, Córdoba
- Muerte
- 21 de febrero de 1941, Córdoba
- Alternativa
- 29 de septiembre de 1887, Madrid
- Estilo
- Torero total: dominio de todos los tercios
- Retirada
- 1899 (invicto)
El segundo califa
Rafael Guerra «Guerrita» fue el sucesor natural de Lagartijo y el segundo de los tres Califas de Córdoba. Pero donde Lagartijo era elegante y Manolete sería trágico, Guerrita fue sobre todo dominador. Fue un torero total: dominaba el capote, la muleta, las banderillas y la espada con una perfección técnica que ninguno de sus contemporáneos podía igualar.
Nacido en Córdoba el 6 de marzo de 1862, Guerrita creció en la misma ciudad que había producido a Lagartijo, respirando desde niño la tradición taurina cordobesa. Su formación fue rigurosa: pasó por todas las etapas del aprendizaje — becerradas, novilladas, cuadrilla de Lagartijo como banderillero— antes de tomar la alternativa.
Su registro es impresionante: durante más de una década (1887-1899), fue el número uno indiscutible del escalafón, sin que ningún rival lograra destronarlo. Una hegemonía de esta duración solo sería igualada décadas después por Joselito El Gallo.
El torero completo
Lo que hacía único a Guerrita era su dominio absoluto de todas las suertes del toreo:
- Capote: Lances precisos y funcionales que colocaban al toro exactamente donde él quería.
- Banderillas: Fue uno de los grandes banderilleros de la historia, capaz de clavar en todas las posiciones con una elegancia y una precisión asombrosas.
- Muleta: Faenas de dominio total, en las que el toro hacía exactamente lo que Guerrita decidía.
- Espada: Estocadas certeras que remataban lidias redondas.
En Madrid y en todas las plazas de España, Guerrita era sinónimo de garantía. El público sabía que con Guerrita nunca habría un fracaso: la pregunta no era si triunfaría, sino cuánto.
Retirada invicta
En 1899, con solo 37 años y en la cúspide de su carrera, Guerrita anunció su retirada. No estaba herido, no estaba enfermo, no estaba cansado: simplemente decidió que ya había dado todo lo que tenía que dar y que era mejor marcharse como lo que era, el mejor.
Su retirada invicta — sin que nadie le hubiera superado— es un caso prácticamente único en la historia del toreo. A diferencia de tantos matadores que se retiran perseguidos por el miedo o superados por rivales más jóvenes, Guerrita se fue por la puerta grande de la historia, con la certeza de haber sido el mejor de su tiempo.
Guerrita vivió hasta los 78 años, disfrutando de una vejez acomodada y respetada en su Córdoba natal, donde era considerado un prócer local.
Los tres Califas de Córdoba
Córdoba ha producido tres toreros que ostentan el título de «Califa»: Lagartijo (el primero), Guerrita (el segundo) y Manolete (el tercero). Cada uno representó una época diferente y un estilo distinto, pero los tres compartieron la misma patria chica y la misma vocación de excelencia.
De los tres, Guerrita fue quizás el más completo técnicamente. Lagartijo tenía más elegancia natural, Manolete más tragedia y profundidad, pero Guerrita dominaba todas las suertes con una perfección que ninguno de los otros dos igualó.
Influencia en el toreo posterior
El modelo de Guerrita — el torero dominador que controla todos los aspectos de la lidia— influyó decisivamente en las generaciones posteriores. Joselito El Gallo heredó de Guerrita la ambición de ser el mejor en todo, y Enrique Ponce, siglo y medio después, encarna un concepto similar de dominio universal.
«Después de mí, naide; y después de naide, Fuentes.» (Frase atribuida a Guerrita sobre su sucesor Antonio Fuentes, con la pronunciación andaluza de «nadie»)
¿Sabías que...?
La frase «Después de mí, naide» se ha convertido en un dicho popular en España para expresar supremacía absoluta en cualquier campo. Es probablemente la frase más célebre jamás pronunciada por un torero, y su eco perdura más de un siglo después en la cultura popular española.